«El rico domina a los pobres, y el deudor es esclavo del acreedor» (Pr. 22:7) Cuanta verdad desnuda por siglos amigo lector, pero cubierta al mismo tiempo por esa cortina del espectáculo económico, que fundamenta en la riqueza el propósito del hombre, mientras oculta tras bambalinas la miseria humana; ¿Te haz preguntado entonces fuera de este contexto, en que radica nuestra miseria? Bueno, pues la palabra nos revela que ni la pobreza ni la riqueza, sino más bien la esclavitud que las dos producen ; ya que el rico se convierte en esclavo de lo que tiene usándolo para dominar, en tanto que el pobre se doblega ante lo que le falta sometiéndose a un acreedor ¿el objetivo? ninguno quiere declararse en quiebra. Recuerdo que hace algún tiempo quise aprender un deporte que consistía en el desplazamiento sobre el agua en una tabla que era impulsada por una vela, y aunque el objetivo era lograr el equilibrio teniendo en cuenta el viento para avanzar sin naufragar, yo me enfoqué en cambio en la fuerza como un ancla, por el simple hecho de no caer al agua helada. Por muchas horas hice oídos sordos al instructor que daba voces gritando: ¡DÉJATE CAER y VUELVE A INTENTARLO! así que permanecí a flote y sin avanzar, obstaculizando incluso el paso de otros que empapados lo habían logrado luego de caer una y otra vez. Yo cumplí mi objetivo; permanecer seca hasta que se agotaron mis fuerzas, junto con el tiempo de instrucción; para darme cuenta al final, que debía regresar a la orilla sin la tabla y nadando ¡Qué gran lección!
Pertinente para el escenario que vivimos hoy a nivel mundial, en donde debido a la crisis muchas empresas han cerrado para reinventarse, mientras otras, se rehúsan a declararse en quiebra y siguen anclados en la mitad del mar sin avanzar, protestando contra un virus que no ven y aferrados a las promesas de un gobierno confundido, o en último caso a la esperanza de un crédito bancario; negándose a escuchar aquella voz que grita ¡DÉJATE CAER y VUELVE A INTENTARLO! allí está el desafío de nosotros mismos como seres humanos amado hermano, en hacer un Sale, una rebaja, una oferta de nuestras emociones y sentimientos; de nuestros miedos y nuestras verdades, de nuestros aciertos y desaciertos rescatando lo mejor de la inversión; purificando nuestra vida, declarándonos en quiebra ante el creador, dejándonos caer para entender que tanto la riqueza como la pobreza habitan en el espíritu y allí no hay esclavitud. El tiempo se agota como las horas de instrucción, y si no lo hacemos ahora tendremos que regresar a la orilla derrotados y sin fuerzas. Déjate caer en los brazos de Jesús nuestro Señor amado de Dios y saldrás a flote en sus fuerzas.