Partiendo desde la brevedad del título mi amado lector, quiero expresarte que se necesita muy poco para agradecer lo mucho que significa tu vida en esta llama que inició como un carbón encendido en mi corazón; y que poco a poco, ha ido avivando el fuego del servicio a quien un día bajó del cielo para mostrarnos su amor y derramar Gracia sobre nuestras vidas. Me maravillo cada día por el significado de ese encuentro tan único y personal que cada uno de nosotros ha experimentado con nuestro Salvador en diferentes situaciones pero en un mismo espíritu; Aunque me asombra aún más, el milagro de converger con ustedes en torno a una hoguera que nadie más que el Altísimo pudo haber encendido; así que hoy junto al calor de este fuego hermano en Cristo, quiero decirte GRACIAS por estar ahí, ¡Sí! El mensaje de hoy está dedicado a ti que te acercas a diario, y por un momento me regalas algo de tu vida entre líneas sin notarlo, porque en realidad no haces parte de una cifra, ni llegaste aquí por casualidad lo sé; eres único y te siento cercano, estás en mis oraciones cada día como ese gran tesoro que El Señor me ha encomendado. A ti que sufres, que lloras, que sonríes, que trabajas duro, que caminas firme, que en ocaciones cojeas, que crees y algunas veces temes; a ti que sueñas, que caes y te levantas, que te gozas en su presencia volando al cielo aunque sepas que debes regresar a la tierra …A ti; a la poeta, al deportista, al evangelista, al curioso, a la maestra, a la ama de casa, a la mamá, a la adolescente, a la solitaria, a la abuela…A ti Marisol, Amada, Marlon, Bistry, María Deisy, Marielle, Misade, Mariana, Heidi, Rosi, Ana Gloria, Gerber, Yasminia… A todos y cada uno de ustedes GRACIAS INFINITAS por hacer parte de la llama del amor de Dios. Ya somos muchos y no los puedo mencionar a todos aunque quisiera, porque en realidad son amados, amigos y hermanos como lo escribo en los textos; pues te confieso que no escribo por escribir. Me llena de gozo compartir lo que Dios pone en mi corazón cada día; …los pienso, los leo y los siento en cada expresión, en cada comentario, en cada corrección, en cada manifestación de gratitud que me aleja de la distancia de quienes físicamente están cerca pero en realidad muy lejos. A ti te digo hoy que eres una Bendición y la fuerza terrenal que sostiene mis brazos en momentos difíciles; son chispas de luz que hacen que cada día arda esta llama con más fuerza, son mi familia en Cristo ¡Gracias!