Por algún motivo amigo lector, durante mucho tiempo relacioné aquel fruto prohibido en el huerto del Edén con el mal; y por razones que todos conocemos creería que tú puedes pensar lo mismo hoy, si nos detenemos en el pecado, la desobediencia, el castigo, la muerte, satanás, el engaño y un sin número de consecuencias que trajo consigo aquel desafortunado episodio protagonizado por los primeros seres humanos creados por nuestro Dios, para llenar y sojuzgar la tierra. Una tragedia para la humanidad a la que difícilmente podríamos llamar “bien” ; pero ¿no se supone entonces que aquella advertencia que hizo nuestro creador a Adán y Eva era para protegerlos del mal? si es así, te has preguntado ¿por qué el árbol plantado en medio del huerto era llamado no solo del conocimiento del MAL, sino también del Bien y la vida? – pero del árbol del conocimiento del BIEN y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás» (Gen.2:17)
y efectivamente morimos en el pecado mi amado, hasta el día en que aquel árbol de la vida nos es revelado nuevamente como el fruto del bien. Esta vez para comer de Él, encontrar la verdad, el camino, y vivir aunque estemos muertos. Ahora que lo comprendemos hermano en Cristo, estamos listos para dar de comer al hambriento del árbol de la vida sin juzgar acerca de lo que es bueno y lo que es malo, porque la inteligencia y la razón humana nunca alcanzarán el conocimiento de Dios. Así pues amigo lector, aunque hoy hayan sido abiertos nuestros ojos y sepamos diferenciar entre el bien y el mal por la Gracia de nuestro padre celestial, cerremos nuestros oídos a aquella voz de la serpiente que aún susurra que sabiendo el bien y el mal seremos como Dios.