Sí, es cierto que los hombres hemos tenido una TEMPORADA DE SAPOS. Y en ese tiempo nos sentimos en completa libertad, dueños de todo el charco, sintiendo que tenemos el poder de hacer cuanta cosa nos viene a la cabeza, sin importar las consecuencias, sin importar el daño que podamos causar. Este es un tiempo de autosatisfacción personal en el que todo es permitido; las borracheras, las apuestas, las drogas y junto con ello el adulterio.

El tiempo para este tipo de incoherencias y abusos no está enmarcado en un momento especifico, sencillamente está definido por situaciones que vivimos en diferentes etapas de nuestra vida. Hay quienes lo vivieron en su etapa de niñez y adolescencia, tal vez por falta de autoridad en sus hogares, padres permisivos o ataduras espirituales no resueltas. Y, con honestidad, debo decir que quienes lo experimentamos ya en la etapa adulta, no tenemos justificación a nuestra falta de carácter y baja autoestima, sin dejar de lado la cautividad espiritual que seguimos arrastrando, pues apartados de Dios no hay fuerza espiritual que cierre las puertas ya abiertas a las influencias del mundo actual. La Biblia en 1 Corintios 10:23, dice que todo nos es lícito, pero que no todo nos edifica.

Por esta razón la vida en el charco equivocadamente pareciera ser lícita, más la realidad es otra. La oscuridad de ese charco la convierte en una prisión donde no vemos más allá de la punta de nuestra nariz, allí somos dominados por el pecado, la mente entenebrecida y, nuestro corazón luchando por ofrecer amor en un camino de espinas. En este punto solo viene a mi mente una frase que escuché en una alabanza cristiana y que creo refleja la esencia de este mensaje “pensamos que estamos viviendo cuando realmente estamos muriendo”.

1 Juan 2:15-17

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no provienen del padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Hoy quiero invitarlos a salir del charco, a tomarse de la mano del Dios todopoderoso, sin temor, sin vergüenza del lodo en nuestros cuerpos, pues quien le busca a Él en espíritu y en verdad, y en genuino arrepentimiento podrá ver el oscuro lodo más blanco que la nieve (Isaías 1:18). Dios puede transformar nuestras vidas y nuestros corazones, darles una nueva dirección, inyectarles nuevas fuerzas para continuar y hacer de ustedes nuevas criaturas en Cristo. Así lo hizo conmigo cuando lo acepté, lo recibí en mi corazón, lo declaré como mi señor y salvador, y Él me regaló su Gracia, me llamó hijo, heredero, y me transformó de sapo a príncipe del Reino.

1 Corintios 1:25-29

Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia.