En algún lugar leí que Dios no necesita gente perfecta sino dispuesta, y en realidad contrario a esto amigo lector, creo que sí necesitamos ser perfeccionados antes de decir “envíame a mí”. Y si no lo crees, acompáñame por un momento a ver en detalle lo que pasó con Isaías durante la visión de su llamamiento, para que podamos comprender que al encontrarnos con la Gracia y Misericordia de nuestro Padre Celestial siendo pecadores, no podemos tener otro referente más que nuestra naturaleza humana, ¡Ay de mí! -exclamó el profeta- que soy inmundo de labios. Todos mi amado, sin excepción, somos llamados a predicar las buenas nuevas y llevar esperanza al mundo luego de conocer la verdad (Mt.18-19). Estarás de acuerdo conmigo en que más que un deber es nuestra obligación como cristianos, porque esa es nuestra única respuesta al ser apartados para El Señor;
y nuestra boca como instrumento escogido para ser la voz de lo alto, es por naturaleza inmunda de labios. Notemos entonces que el profeta isaías quien ya predicaba la palabra de Dios antes de su visión, reconoció de inmediato ante la inminente cercanía celestial, que necesitaba ser perfeccionado; es por esto amigo lector que solo luego de que aquel carbón encendido limpiara su pecado él pudo oír aquella voz del cielo que preguntaba ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?… todos quizás queremos ese privilegio; pero mi amado hermano, debemos acercarnos a Dios de tal manera que podamos vivir un antes sin precedentes que nos conduzca a escuchar aquel anuncio celestial diseñado no solo para la disposición sino para la perfección.
Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto. (Mt. 5:48)