Entonces regresé a contar las estrellas en el infinito, a escuchar su voz en el susurro del viento, a esperar el alba sentada junto a la melancólica noche, quien gemía sollozando su deceso para darle paso al majestuoso amanecer; – ¿Por qué el lamento? pregunté -“éramos uno”, respondió ella sollozando, luz y oscuridad reinando sin nombre alguno que nos separará del tiempo, hasta que una voz como de trueno irrumpió en nuestra morada –“Tú te llamarás día”, escuché, “y tú noche”. Entenebrecida por tan magistral obra, permanecí inmersa en el silencio… aunque de repente, cuestioné diciendo ; ¿Quién anhelará mi oscuridad? – “Yo” dijo aquel caballero sin titubear “seré luz en ti”, entonces enmudecí desde aquel momento y ahora tan solo escucho su voz, cuando alguien como tú, deja la almohada que se niega a enjuagar más sus lágrimas, la cama que ya no soporta menguar el dolor de sus lamentos, y la mente que ya no puede silenciar más pensamientos, para descubrirlo a Él en mí, “ noche es mi nombre”, así me llamó aquel caballero. Ahora, la ausencia de su voz es la razón de mi lamento, y tu compañía mi amiga, el único consuelo de ser llamada una vez más luz en la oscuridad.

 

 

M. Cristina Trujillo