Así nos lo ha mandado el Señor:
“Te he puesto por luz para las naciones,
a fin de que lleves mi salvación hasta los confines de la tierra.”
Con frecuencia olvidamos amigo lector, que seguir a Cristo nos guía en realidad a caminar como Él caminó, y es entonces cuando iniciamos el ascenso escalando la montaña del cristianismo pero muchas veces persiguiendo la cima equivocada “ LA CIMA DE LAS VANIDADES”, en donde le damos prioridad a nuestros deseos sin tener en cuenta que subimos por un llamado proveniente de la Gracia, que no tiene otro fin, más que dar vida a aquellos que aún están en la falda de la montaña.
Todo lo que sube tiene que bajar, asegura una de las principales leyes de la física; pero con frecuencia mi amado, aún conociendo nuestra misión, nos quedamos en las alturas esperando el cumplimiento de la promesa. y hoy quiero decirte que aquella promesa se recibe en la cima pero se cumple en el campo de batalla, Yo le llamo al tiempo del llamado; “el fuego de la zarza”, porque cuando pisas el terreno de Dios, debes tener claro que tu estadía allí debe durar el mismo tiempo que dura una llama física antes de extinguirse. Dios habla claro hermano en Cristo, y aquel fuego de su palabra debes trasladarlo a tu corazón y avivarlo para que perdure, y puedas bajar al valle a encender otros corazones sin morir en el intento.