Sin lugar a duda son muchas las familias en la biblia de las que podríamos aprender acerca de la fe, el llamado, la oración, la fidelidad, el amor, el servicio…como también, desaprender de otras tantas sobre la envidia, la falta de autoridad, la venganza, el poder, la avaricia, la incredulidad, y en fin… la lista continúa. Quiero decir con esto amigo lector que en la palabra encontramos familias como la tuya o la mía, con sus pros y sus contras en nuestra condición de humanos; y una de ellas era precisamente aquella a la que Jesús amaba (Jn.11:5), y tengamos en cuenta que si lo dice el discípulo amado es una garantía absoluta de que así era. Te hablo de aquella casa en Betania en la que habitaban Marta, María y Lázaro; los afortunados amigos de Jesús que le brindaron ese ambiente de bienestar que nuestro Salvador eligió más de una vez para descansar.
Así que hoy, quiero invitarte por un momento a que entres en la intimidad de ese hogar en donde reposó y departió algunas veces el mismísimo hijo de Dios; para que por un momento te preguntes ¿que encontró allí?; Y esto lo hago porque si lo descubrimos juntos, entonces sabremos lo que debemos hacer para que Jesús visite frecuentemente nuestra casa. Imagina entonces que toca a tu puerta y lo escuchas, abres y Él entra dispuesto a tener comunión contigo “cenaré con él y él conmigo” (Ap. 3:20). Me pareció muy significativo este versículo para relacionarlo con alguna de las muchas veces que Jesús tocó la puerta de aquella casa en Betania, y al entrar encontró la siguiente escena descrita en la biblia: Marta servía, Lázaro estaba sentado a la mesa esperando por el Maestro y María lista con un perfume de nardo puro para ungir sus pies (Jn.12 2-3); una casa envuelta en la fragancia del servicio, la comunión, la fe, y la adoración de tres testigos fieles que creyeron en que aquel hombre era el hijo de Dios;
“Hacedlo todo para la gloria de Dios” dice la palabra (1 Co 10:31) y así funcionaba este hogar Amado hermano, allí Cristo se convirtió en el centro de los afectos de la familia, y ellos se deleitaban en Él al punto de transformarse en lo que adoraban, eran su reflejo; y es precisamente eso lo que Jesús está buscando, adoradores que le adoren en Espíritu y en Verdad (Juan 4:23).
Claro está que la amada Marta tuvo que aprender una lección acerca de «la importancia de lo prioritario y el lugar de lo necesario» En otras palabras, nos cedió un espacio para que junto a María y Lázaro disfrutemos de una gran cena en el lugar correcto: “a los pies de Jesús”.