Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar.
(Jos. 14:119)
Si miramos al pasado amigo lector, quizás recordaremos aquellos días en los que ni siquiera pensábamos en la enfermedad, la vejez o el deterioro natural de nuestros cuerpos; y por supuesto, nuestra energía estaba en su completa capacidad de generar trabajo útil ¿pero que pasa actualmente? ¿te has dado cuenta que la edad se ha convertido en una alarma que año tras año nos grita VIVE porque el tiempo se acaba?. Creo sin temor a equivocarme que programamos nuestra vida para dar todo en nuestros años de juventud y retirarnos en aquella etapa en la que nos visualizamos con poco vigor. Así que hoy, quise recordarte al valiente Caleb que a sus 40 años fue enviado por Moisés a espiar aquella tierra prometida que pretendían ocupar; y quien lleno de Fe regresó con buenas nuevas, aunque el panorama fuera desalentador y numerosos hebreos se opusieron a entrar por temor. Caleb 45 años después mi amado, continuaba viviendo su propósito con el mismo entusiasmo y esperanza; en pocas palabras, le pidió a Josué ser enviado a librar una nueva batalla a sus 85 años diciendo: “…cual era mi fuerza entonces, tal ahora es mi fuerza”. Hermano en Cristo su fuerza permanecía en la promesa de quien nunca falla, y su vigor estaba intacto en la fe y la confianza de nuestro Dios; así que levántate hoy con la misma energía y fortaleza de aquellos días de victoria, porque la batalla aún no termina y el propósito no descansa.