Mario había trabajado por más de 16 años como asistente técnico de un taller aeronáutico, y aunque no había obtenido su título profesional como mecánico de aviación, su pasión por aquel arte lo llevó a estar muy cerca de Paul, el dueño y fundador de esa compañía que con el tiempo se convirtió en la más importante en su género. Paul nunca se alejó de los talleres, de la mano de obra, de la supervisión directa y sobre todo de la innovación producto de un estudio permanente; que sin discusión alguna, lo había posicionado en el lugar privilegiado que ocupaba: “mi alma libre es la única muerte que reflejarán alguna vez las hélices de mis aviones” solía decir, mientras miraba el reflejo del cielo a través de una de ellas. Y ese día llegó; Paul voló libre a la eternidad, dejando un gran manual de indicaciones a su experimentado asistente Mario; quien se instaló en la oficina pocas veces ocupada por su mentor, sintiendo que su gran momento había llegado. hasta algunos años más tarde, cuando abrió aquel empolvado manual, sobre el cual yacía el periódico que nunca dejó de leer en las mañanas, y que aquel día anunciaba el primer siniestro de uno de los aviones de la compañía, cobrando la vida de 122 personas por una falla en la hélice de uno de sus motores.
“Sé que tienes mucha experiencia Mario, pero nunca dejes de estudiar este manual, que pondrá tu mano por obra y mantendrá tu mente en el movimiento perfecto que hasta hoy registran las hélices de nuestros aviones” decía la primera página del manual que hasta ese día Mario nunca había leído.
Mi amado, hoy quiero decirte que la experiencia no es suficiente y creo que bien podríamos recordar ahora el difícil momento de Josué después de que murió Moisés, al ser llamado por Dios para guiar al pueblo de Israel a la tierra prometida “AHORA ERES TÚ” le dijo Dios, ¡vaya responsabilidad! pues aunque es un privilegio servir al Altísimo amigo lector, y Josué estuvo muy cerca en el proceso, miles de almas estaban en sus manos ahora; Pero Dios le dijo en el versículo 9 de Josué 1, y creo que lo sabemos de memoria: “Te he mandado que seas fuerte y valiente. No tengas, pues, miedo ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” y estoy segura que pensarás que este es el gran secreto… pero hoy debo recordarte que hay un antes definitivo en estas palabras que se convierten en la verdadera fórmula del ÉXITO : “Medita día y noche el libro de esta ley teniéndolo siempre en tus labios; si obras en todo conforme a lo que se prescribe en él, prosperaras y tendrás ÉXITO en todo cuanto emprendas” (Jos.1:8) que no se empolve el manual mi amado, porque entonces quizás un día como Mario, encuentres sobre él la respuesta a la desobediencia.
Recuerda siempre que la fortaleza, la valentía, y la compañía de nuestro Dios, reposan en la palabra viva que debe moverse perfectamente en tu mente como al compás de la hélice de un avión.