¿Qué es en lo primero que piensas cuando recibes una invitación a una boda? … si me permites responder, me atrevería a decir que hay tres cosas básicas que vienen a tu mente: la primera es una manifestación de asombro por la gran noticia de quienes han decidido unir sus vidas, la segunda es la gratitud por haber sido tenido en cuenta entre los invitados, ya sea que quieras asistir o no, pues esto nos hace sentir valorados y cercanos a los afectos de la futura familia;Y en tercer lugar, surgirá una pregunta ‘de eso estoy segura’, y es: ¿Qué vestido usaría para la boda?. Amigo lector, no podemos negar que esta última inquietud es una parte fundamental de aquella gran celebración aunque no lo parezca, y tomará un poco de tiempo pensar en nuestro atuendo; ya que por supuesto queremos estar acordes a la ocasión. Incluso la mayoría de las invitaciones nos dan ciertas pautas para ello; el odiado por muchos (dress code) o Código de vestimenta establecido por los anfitriones de la boda, dependiendo del lugar, la hora, y en los tiempos actuales la novedosa “temática” que a muchos puede complicarnos la vida, ya que son normas que nos alejan de nuestros gustos o preferencias; pero a las que en humildad debemos someternos con el único objetivo de no convertirnos en el centro de todas las miradas. Y es precisamente de esto de lo que nos habla nuestro versículo del día amado de Dios, cuando nos dice que el anfitrión de aquella fiesta de bodas se acercó para ver a todos los convidados, y entonces vio a uno de ellos que no estaba vestido de boda y le dijo amablemente: “Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda?” (Mt.22:12). Creo hermano en Cristo que ninguno de nosotros quiere ser ese INTRUSO puesto en evidencia por aquel que puede ver el corazón como un traje de gala que reviste el cuerpo; de hecho el apóstol Pablo les dice a los creyentes en Cristo: “como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia (…), por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto (col.3 12-14). Muchos comentarios bíblicos coinciden en una antigua tradición de oriente en la que el anfitrión agasajaba a sus invitados con trajes de honor; allí se habla de largas y blancas túnicas que se les entregaba a los invitados a la entrada del lugar, para que la vistieran como esa carta de presentación que los hacía dignos invitados en obediencia amor respeto e igualdad frente a los anfitriones de la Boda. Así es que la palabra nos enseña mi amado, que el reino de los cielos es semejante a una fiesta de bodas para que podamos comprender el significado sin límites de este importante acontecimiento, que hace un llamamiento a todos por igual ¡vaya sorpresa! incluidos malos y buenos; pero reservado solo para aquellos que a la entrada se despojen de sus ropas de extranjero, y acepten ser vestidos con trajes de lino fino.
“Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala” (Zac.3 3:4)