Sabemos cuán relevante es la figura del águila en las escrituras amigo lector, de hecho si lo comparamos con nuestro caminar como seguidores de Cristo, el mensaje es tan claro que los proverbios lo describen maravillosamente diciendo que así como el camino del barco es el mar, el camino del águila son los cielos. Recordemos además que aquella ave construye su nido sobre la roca y habita en las alturas para alejarse de los depredadores; Job 39:27-28 lo expresa de la siguiente manera:¿Se remonta el águila por su mandamiento y pone en alto su nido? Ella habita y mora en la peña, en la cumbre del peñasco y de la roca. Sé que en este punto mi amado, quizás también recordaste como yo el salmo 91 que nos invita a poner al Altísimo por habitación; pero más allá de cientos de semejanzas sabias; hoy quise centrarme en una en específico, por los tiempos malos que vivimos; en donde sabemos que los enemigos crecerán como la espuma y en obediencia debemos orar por ellos ¿pero de qué manera? llevándolos a las alturas amigo lector, volando como lo hacen las águilas cuando los cuervos las atacan. Ellas no se inmutan ni pierden el control, no luchan ni pelean… solo vuelan hacia el lugar en el que a los cuervos les faltará el oxígeno y su única opción es abandonar el ataque, ¡así es hermano en cristo! nuestras alas están en nuestras rodillas y solo sobre ellas en calma, con fe y esperanza debemos emprender el viaje con nuestros enemigos a cuestas para llevarlos al único lugar en el que seremos libres de la opresión.
¡No desfallezcas y vuela alto, muy alto!