¿Alguna vez ha contado cuántas veces respira en un minuto o tan solo ha pensado en eso? Por favor, no se sienta mal si no lo ha hecho. Respirar es algo tan natural que normalmente no nos damos cuenta de su importancia hasta que dejamos de hacerlo, y entonces experimentamos una sensación tan desesperante que, aunque dure solo unos segundos, esos segundos parecen eternos, nos bloqueamos, y no podemos pensar en otra cosa que no sea respirar otra vez.

Hace algunos días, estábamos disfrutando de un hermoso día en la playa. Mi hija Abi, que todavía no sabe nadar, se puso su flotador y entró en la piscina, con la seguridad de que no podría hundirse. Ella estaba muy tranquila en la orilla, así que intenté llevarla a lo más profundo, lejos de su zona de confort. Pero en lugar de brindarle seguridad, ella entró en pánico y en su afán por salir del agua empezó a hundirme. Abi sabía que yo estaba ahí para ayudarla, pero difícilmente podía moverme con ella encima. No hace falta decir que fuimos rescatadas, pero sí hace falta decir que a veces, todavía despierto y me aseguro de estar respirando.

¿Le ha pasado que el miedo se convierte en cobardía y lejos de ayudar se encuentra hundiéndose junto con la persona a la que quiso salvar? Pues en la Biblia, en el libro de Números, capítulo 13 encontrará la historia de doce espías que fueron enviados por Moisés a reconocer Canaán, la tierra que Dios le había prometido al pueblo de Israel. Así  

que, cumpliendo su misión, los espías visitaron la tierra y se dieron cuenta que era buena, que allí fluía leche y miel, que era una tierra bendecida; pero, también vieron que tenía ciudades grandes, fortificadas y que era habitada por gigantes y el miedo los paralizó… los acobardó, tanto, que se vieron como langostas al lado de los gigantes.

Como verá tener miedo es algo normal, todos hemos sentido miedo, de hecho, es un mecanismo de defensa. Es normal tener miedo frente a situaciones inesperadas, cuando empezamos un nuevo trabajo, cuando debemos tomar decisiones, y muchas otras cosas más. El punto está en que no debemos permitir que ese miedo nos paralice, nos vuelva cobardes y nos impida llegar a la tierra prometida.

De los doce espías, diez se acobardaron y dos regresaron emocionados diciendo: “subamos y tomemos posesión de la tierra”. Solo dos mantuvieron la fe en la promesa hecha por Dios. Hebreos 11:1 dice que fe es la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve. Como dice un dicho famoso por ahí: el valor no es la ausencia del miedo, sino miedo junto a la voluntad de seguir.

Si sigue leyendo el capítulo 14 del libro de Números sabrá que los diez espías que se acobardaron contagiaron su temor a todo el pueblo de Israel, lo que acarreó graves consecuencias para toda una generación.

Por muchos años, no me sentí capacitada para nada y ese temor me convirtió en uno de esos diez espías cobardes, me encerré y no quería salir, hasta que casi que obligada por mi padre me enfrenté a una oferta de una escuela que contrataba maestros. ¿Maestros? Yo, ¿una maestra? Siempre fui mala estudiante, ¿cómo podía ser una maestra?

Qué bueno que mis planes no son los planes de Dios. Mi primer día como maestra fue horrible (me sentí pequeña al lado de un estudiante de casi dos metros que hablaba varios idiomas y había viajado por muchos países), pero regresé al día siguiente, y al siguiente, y eso me llevó a descubrir mi pasión por enseñar. He enseñado español a personas de todo el mundo, he sido maestra para niños con problemas de aprendizaje, maestra de escuela dominical, mujeres y hasta de la policía local.

Todavía hay ocasiones en las que me siento tan pequeña como una langosta al lado de un gigante, aún siento miedo ante determinadas circunstancias; pero sé que Dios tiene un mejor plan, para usted y para mí. Confíe en él, deje que él le guíe, aprópiese de sus promesas, no entre en pánico, respire. Recuerde que como Abi tiene el flotador puesto. No se hundirá, sea cual sea la circunstancia –úselo y disfrute.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder,

de amor y de dominio propio.” 2 Timoteo 1:7

Solo para su curiosidad…una persona en reposo respira entre 8 y 16 veces por minuto.

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