El día terminó en la última estación de tren, y después de un arduo día de trabajo, al fin estás en casa. Por un momento las compuertas de tus ojos se cierran aquietando los pensamientos, y un largo suspiro se cuela por tu boca; Los zapatos como aves en libertad vuelan por los aires y el sillón se convierte en el perfecto amante que te abraza sin murmurar una sola palabra… entonces por tan solo unos segundos experimentas esa tan anhelada paz, que de repente huye al más sutil de los susurros; abandonándote tan rápido como apareció, para cederle nuevamente el lugar a los miedos y al dolor.
¿Lo has experimentado? ¿Cuántas veces nos conformamos con Migajas de Paz?
El Rey Saúl las recibía cuando aquel pastor hijo de Isaí de belén, vigoroso y valiente tocaba el arpa (1° Samuel 16:18) Aunque no eran realmente las notas musicales las que apartaban al espíritu malo que le robaba la paz a Saúl; sino la presencia de Jehová en la vida de David. Él pasaba mucho tiempo en la presencia de su Señor, como nos lo dejan ver sus salmos, mientras que a la vida de Saúl llegó la más triste de las noticias que puede recibir un cristiano ( 1° de Samuel 16:14 ) El espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová. Es así que no basta con arrepentirnos de nuestro pecado, si no nos apartamos de el. (Pr. 28:13 ) dice que si confesamos y abandonamos el pecado hallaremos la misericordia de DIOS …y Saúl no lo hizo.
Hoy es tu oportunidad de experimentar la Paz que sobrepasa todo entendimiento; confesando tus faltas, arrepintiéndote de ellas, apartándote del pecado y declarando a nuestro señor Jesús como tu salvador. ¡No te conformes más con migajas de Paz!