Caminé muchos de mis días percibiendo una sensación de “deuda” con un hombre que había dado su vida por mí en la Cruz, y debo confesarte amigo lector que en realidad en ese entonces no entendía la magnitud del más grande acto de amor de todos los tiempos <el sacrificio supremo por la humanidad y para la eternidad>. Recuerdo que lejos del gozo, vivía más bien en una eventual angustia; sintiendo que debía hacer algo para pagar este favor de alguna manera, y por supuesto, cometí muchos errores al no comprender que ya todo estaba hecho, que Él había derramado TODA su sangre por mí y ahora yo solo debía vivir para ÉL. Sé que puede sonar como algo obvio para muchos, y lo comprendí cuando deslumbrada quise compartirle a un hermano en la fe, aquello que yo había pasado por alto durante mucho tiempo; “el verdadero significado de haber sido cubierta con la sangre de Cristo” … para escuchar que él lo resumió con un enfático ¡Jesucristo basta! que al instante, salpicó de indiferencia lo que para mí se había convertido en sagrado.
Inicié hablando de mi propia experiencia porque quería confesar que también estuve allí ¡tan solo salpicada por su sangre!; y hoy creo que tal vez ese sea el sentimiento de muchos hermanos, cuando en medio del caos y las noticias poco alentadoras aparece de repente el temor a la enfermedad, a la escasez, e incluso a la muerte. El apóstol Pedro en la salutación de su primera carta (1 Pe.1:2), se dirige a un grupo de judíos creyentes para recordarles que son elegidos en Dios y santificados en el Espíritu para obedecer y SER ROCIADOS CON LA SANGRE DE JESUCRISTO, para luego si concluir rogando por la multiplicación de “gracia y paz”, es decir, Jesucristo Basta luego de comprender que estamos cubiertos con su sangre. Y este es el precioso mensaje y momento mi amado, para recordar el poder y la COBERTURA TOTAL de la sangre del cordero, en quienes aceptamos el más grande tesoro del que nos habla nuestro versículo del día: la redención y el perdón por las riquezas de su Gracia. Ser rociados con la sangre de Cristo, significa estar cubiertos en el poder y fluir del espíritu de Dios, es estar protegidos y empapados hasta la última gota que salió de su cuerpo para salvarnos, como aquel rocío que cae del cielo y es permanente (Dn.4:25). Tenemos que vivir más en el espíritu y menos en la carne, menos en nuestra confusión mental y más en el corazón, más en lo sagrado y menos en el resumen; pues solo así amigo lector, podremos sentir todos los días lo inexplicable: “Un amor infinito en lo celestial que nunca abrazará las circunstancias en lo natural” Así que te invito hoy a experimentar el Gozo de la victoria, porque para los hijos de Dios no existe la incertidumbre.
¡Gracia y paz os sean multiplicadas!