¿Y como te hubiera conocido entonces, si en mi imperfección no me doy cuenta que arruiné tu perfección? ¿ si no hubiera cometido faltas tan graves, que me llevaron a buscar tu misericordia ?… Al fin te veo reflejado en la blancura de lo que una vez me apartó de ti, como un vacío silencioso que yace moribundo en el infinito abismo del pecado, y vuelvo a preguntarme ¿no valió la pena entonces mi dolor, si en sus profundidades no hubieras aparecido tú para rescatarme? ¿acaso no encontré en las espinas, la belleza del carmesí de tú sangre? Mis preguntas al fin saciaron mi corazón con tus respuestas, pues dijiste que no hubiera  entendido el amor sin sed de él, que no hubiera buscado la luz sin pasar por oscuridad, que no hubiera sabido abandonar lo que veía por lo que sentía, si en las tinieblas que me cegaban no hubiera conocido el final de la única historia que pudo escribir mi historia , y entonces volví a preguntarme ¿que sería de mí sin tí? si no hubiera visto tu rostro en la gracia, si tu que dirijes los vientos y le ordenas a la lluvia que caiga, no hubieras dejado caer esa gota de aquella copa rebosante  sobre mi cabeza, si en medio de millones de latidos tus oídos no hubieran escuchado el clamor de mi corazón, ¿que sería de mi sin ti? …Pues Busqué caminos que se rehusaron a recibir mis pasos, escalé colinas que declinaron ante la conquista de su cima, me sumergí en océanos que lloraron todas sus aguas en el desierto  y allí de regreso una vez más no hallé alivio más que en ti. Me rehusé lo sé, quise huir, tuve miedo, quise mirar atrás pero tú más grande que el infinito te dibujaste en mi soledad, enseñándome que ella también te pertenece y que solo allí podías susurrar mi nombre  llamándome Hija.

– Cristina Trujillo –