Hace poco amigo lector, publicamos una frase que decía lo siguiente: “ Dios no quiere buenas intenciones, sino intenciones correctas”, y quise recordarlo hoy porque con frecuencia confundimos el deseo de hacer lo bueno, con hacer lo correcto delante de Dios, y prueba de ello está en el inicio de la humanidad: “ Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. (Génesis 3:6) de acuerdo con esta palabra creo que Eva debió pensar… ¡si el árbol es bueno y agradable, entonces tomar de su fruto debe ser bueno y agradable! ¿por qué habría de molestarse Dios? ; pero en realidad la intención de fondo mi amado, estaba en que ella en realidad quería alcanzar sabiduría; por lo tanto su querer y hacer se abrazaron fuera de la voluntad de Dios. Ahora bien, recordemos que la palabra dice en Filipenses 3:6 que es Dios quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer, para una buena intención; es decir, que el resultado de estas dos acciones debe estar ligado a un claro propósito que descarte por completo un deseo de nuestra carne, ya que la intención de la carne es enemistad contra Dios, porque no se sujeta a la voluntad de Dios (Rom.8:7).
Este es un buen momento entonces hermano en Cristo para rogarle a nuestro creador que escudriñe nuestros corazones y busque aún aquellas intenciones que nos son ocultas, como bien nos lo enseñó aquel hombre conforme al corazón de Dios.