¿Cuántas veces has dicho aún no es el momento, no tengo los recursos, no estoy preparado, la oportunidad ya pasó o quizás alguien lo puede hacer mejor que yo? Déjame adivinar… ¡muchas, muchas veces! El mismo número de veces que has cruzado la calle que te dirige a seguir haciendo lo que crees es correcto, para la vida que supuestamente te tocó vivir. Aunque cada latido de tu corazón te grite que no es así, que puedes cambiar el rumbo, que lo puedes lograr, que naciste con talento, que tienes un don, un propósito y que DIOS no se equivocó al lanzar la semilla, sino que tú elegiste el camino a seguir para finalmente alquilar tus sueños al mejor postor.

Me pregunto entonces, ¿por qué entregarías a otros el regalo más valioso que dio origen a tu vida? Tal vez no encuentres una razón de peso que lo justifique mejor, que desconocer ese gran tesoro escondido en lo más profundo de tu ser, cuando fuiste elegido para nacer en un momento, hora, día, lugar y familia indicados.

Él se llamaba Esaú, rubio, fuerte y luchador desde el vientre de su madre y aunque su hermano gemelo Jacob (el que suplanta), quiso ver la luz antes que ÉL, solo consiguió tomarlo por el talón. Allí Esaú obtuvo su primera victoria, la primogenitura (Gen 25 : 25 – 26). ¿Sabes que significaba esto? Autoridad, heredad, bendición, significaba representar a la familia ante JEHOVÁ tras la muerte del patriarca del hogar. ¿Acaso podría haber algo más valioso?… Toma ese lugar por un momento, de hecho, ese es el lugar que Dios te da hoy…eres primogénito, porque al nacer venciste a la muerte, sí , esa que estoy  segura esperó pacientemente una oportunidad para arrebatarte la vida; pero estás aquí, tienes la victoria de la primera batalla en tus manos y la más importante, tienes la bendición de DIOS y una misión que no puede ser sencilla para un guerrero como tú, dotado con habilidades y un arma infalible: el amor que se transforma en el poder de DIOS en cada desafío. Esaú llegó cansado de su jornada de caza y viendo que su hermano había cocinado un guiso le pidió de comer, “véndeme tu primogenitura” respondió Jacob y es así como nos narra la Biblia que Esaú menospreció este gran regalo que le pertenecía solo a Él, diciendo: “¿Si voy a morir para que me servirá?” (Gen 25 : 29 – 34). Muchas veces, igual que Esaú perdemos el primer lugar que DIOS nos dio, cuando nos preparamos para ir a la llamada jungla de cemento, con lo que creemos es nuestra mejor arma para cazar el día a día, y de repente el cansancio nos traiciona, convirtiendo lo urgente en prioridad, al punto de ceder, transformando nuestra promesa en un sueño en alquiler.