Una mujer de fe no huye de su pasado para ocultarse bajo un frío manto tejido de religión, una mujer de fe enfrenta el ayer y desnuda su alma para volar libre , cubierta tan solo con el cálido presente. Ella sabiamente le dice no a la engañosa melodía de la culpa, para elegir danzar bajo la suave lluvia de la Gracia.
A una mujer de fe ya no le duele el tiempo, porque sabe que con cada paso le dibuja un escalón más al único camino que la conecta con la verdadera eternidad. Una mujer de fe es aquella que le sonríe al espejo, presumiéndole la belleza de su perfecta imperfección; esa que disfrazada de cupido dio en el blanco y la condujo a su más íntima cita de amor vestida de salvación.