… Y entonces a través de la palabra nació el arte, y por supuesto nosotros como invaluables obras maestras; ¡Claro que sí! aunque suene egocéntrico es simple, (Ef. 2:10) dice: «Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús..» pero más allá de detenernos en aquel hermoso calificativo con el cual somos identificados; me gustaría amigo lector que meditáramos en el grandioso significado de «ser creados de nuevo en Cristo Jesús», porque es allí en donde radica nuestro verdadero valor al ser restaurados, ¿y sabes cómo se restaura una obra de arte? Bueno, pues debo decirte, que a la Gioconda de da Vinci también le pasan los años; las Meninas de Diego Velásquez crecieron, y quizás el grito desesperado de Munch, distorsionó la noche estrellada de Van Gogh; por lo cual, estas valiosas piezas deben ser pasadas periódicamente del complejo proceso de conservación, a otro más complicado aún, requiriendo AISLAMIENTO TOTAL. ¡Sí amado de Dios! la restauración es el tiempo en el que se acaban las selfies, es el tiempo en que necesitamos ser expuestos en la intimidad tras bambalinas; es el taller en el que se utilizan microscopios de aproximación, para evaluar cómo nos afecta la luz, la humanidad, la temperatura del ambiente y claro está; el contagio proveniente de otras obras de arte, pues ¿sabías que en estos procesos se han descubierto réplicas que pasaron por originales siendo falsas? o ¿detalles que habían estado ocultos por cientos de años? A esto se debe amado de Dios, que en la delicadeza y sabiduría de la mano del restaurador, en ocaciones se deban usar algunas técnicas agresivas pero necesarias, para sacar a la luz aquellas partes de la obra que antes no se veían. Así pues hermano en Cristo, te hago hoy un llamado para que permitas que el altísimo te retoque, y entonces puedas tomarle una Selfie a tu alma; ya que tras las cortinas se esconden maravillas que combinan en perfección, la integridad con la estética… Tómate tu tiempo y que nadie perturbe el proceso, es decir, en términos artísticos «no permitas en tu vida una catástrofe cultural».